Nueva vida. A los 24 años y con 8 meses de casada, la actriz cuenta cómo cambió su vida junto a Michael Bublé, se ríe de su supuesta virginidad y dice que fantasea más con tener una gran familia que con trabajar en Hollywood. Además, habla de su flamante libro de cocina y de la tira en la que será la mala de la historia.
“¿Luisana Lopilato cocina?”, es la primera pregunta que todo el mundo se hace cuando escucha que la chica más sexy de la televisión argentina acaba de sacar un libro de recetas. Se llama Luisana en casa (Atlántida Libros) y ya está a la venta en todo el país.
Luisana Lopilato luce orgullosa su alianza de casada, aunque todavía le cuesta pronunciar la palabra marido. En cambio, dice Mike cada dos minutos y, en todo caso, “mi pareja”. En la inmensidad de su casa de Nordelta, la señora de Bublé está sola con su perro Simón, porque el hombre de la casa está en Canadá. “No tenemos una relación a distancia. Siempre la gente piensa eso y yo digo que no existe la distancia entre nosotros. Al contrario, tenemos el espacio que la pareja necesita para mantenernos toda una vida enamorados. El equilibrio justo de quererse, convivir y, cuando empezás a discutir por pavadas, te vas y te extrañás. Entonces volvés enamoradísima de nuevo y nada te molesta. Es perfecto”, jura la actriz y revela que, sin marido a la vista, es probable que se vaya a dormir a su departamento de soltera, al lado de la casa de sus padres, en el barrio de Parque Chas. Al menos por ahora, dice, la vida puede ser así, y lo está disfrutando: “La vida de casada es casi como me la imaginaba, pero tiene este plus de los viajes y de tener mi tiempo para estar con mi familia y amigos, que es genial. Así que mientras no tenga hijos, puedo vivir así.”
Estás hablando mucho de hijos, ¿te imaginás siendo madre de una gran familia? Claro, me encantaría. Siempre, desde muy chica, quise ser madre joven y de muchos hijos. Aunque soy muy miedosa del parto y todo eso, nada me haría más feliz. Creo que viene de mi casa: somos muy familieros y no me imagino de otra manera. Mis mejores recuerdos de la infancia son siempre al estilo italiano. Y aún es así al día de hoy, porque si bien ahora viajo mucho, mis viejos –y cuando pueden mis hermanos también– vienen a verme y nunca pasamos mucho tiempo sin juntarnos.
¿Y qué dice Mike de eso? Le encanta, porque su familia es muy parecida a la mía en ese sentido. El habla con sus hermanas y su mamá tanto como yo con los míos y les encanta reunirse. En general, la cultura canadiense es parecida a la nuestra. No es como la americana, que son más fríos o distantes. Increíblemente, Mike y yo tenemos muchas más cosas en común de las que cualquiera puede pensar viéndolo desde afuera. Y eso es fundamental para llevar una vida juntos. Porque compartimos valores.
También la religión, porque los dos son evangélicos. A mí no me gusta hablar de una religión, porque hay muchos prejuicios y entonces todo se malinterpreta y se desvirtúa. Soy muy creyente, tengo una fe profunda en Dios y llevo una vida bastante espiritual. Y Mike también. Es una más de las cosas que compartimos.
¿Qué comparten? Oramos mucho juntos. Y compartimos valores y prioridades que nos conectan y nos hacen vivir en una misma sintonía.
Hablando de religión, hace poco, cuando le preguntaron a Michael sobre los hijos, dijo que todavía no habían tenido relaciones y que vos sos virgen… ¡Ese es el sentido del humor de Mike! El es así y todo el tiempo hace ese tipo de bromas. Algunos las entienden y otros no. Así que cada uno que crea lo que quiera creer. Se lo preguntan tanto que ya no sabe qué responder, entonces se divierte inventando cosas. Cuando nos conocimos, nos preguntaban cuándo nos casábamos y ahora que nos casamos, nos preguntan cuándo vamos a ser padres.
¿Y cuándo tienen pensado serlo? (Se ríe) No sé, veremos. Creo que este año va a ser laboralmente muy importante para mí, porque voy a poder mostrar una cara diferente a nivel profesional, haciendo de mala en “El Lobo”. Llevo muchos años trabajando en la tele y siempre hice más o menos lo mismo. Y desde “Casados con hijos” me llaman siempre para hacer de Paola, entonces quiero aprovechar esta oportunidad para que me vean en otro rol. Quiero mostrarle a la gente y a los productores que puedo dar otra cosa, además de mostrarme linda.
¿Te enfrentaste al prejuicio de ser “la linda que actúa”? Todo el tiempo. Siempre me tengo que esforzar más para que vean que, además de ser linda, puedo actuar. Puede no gustarle a muchos cómo actúo y está bien, porque todos tenemos derecho a pensar diferente. Pero sí siento la mirada sobre mí, eso de que “ésta actúa porque es linda y nada más”. Por suerte me siento segura como actriz y entonces no me angustia, pero igual me molesta y lucho contra eso.
Ahora tendrás una oportunidad en “El lobo”, haciendo de mala. Contame de dónde viene la inspiración para construir a “una mala”.Básicamente de mí misma (pone cara de inocente). Todas las mujeres tenemos algo de maldad, ¿o no? La que diga que no, miente. Creo que es parte de la condición femenina ser un poco “turrita”. No hablo de cosas serias, claro, pero al menos con el pensamiento siempre nos sale. Así que busco ahí, en mi propia maldad.
Contame una maldad que hayas hecho. Tampoco es que hago maldades… Sólo alguna. Quizá a mí la maldad me sale a través del sentido del humor, porque digo las cosas sin filtro y con mucha ironía. A veces también puedo ser muy ácida. Y eso, para el que no lo entiende, o quizá para alguien medio susceptible o que está en un momento sensible, puede ser doloroso o ser interpretado como un comentario malicioso.
Hace poco contaste en la televisión estadounidense que cuando conociste a Bublé pensaste que era gay, ¿se enojó? No, porque él entiende perfecto mi sentido del humor. Además, es exactamente igual que yo. También él es un poquito malo a veces con su sentido del humor. Igual, el día en que lo conocí, lo pensé, porque fui con un amigo mío a saludarlo al camarín del teatro y él empezó a decirle a mi amigo que era re lindo y ¡le tocaba los brazos! (se ríe).
En una nota te imitaba hablando inglés al principio de la relación y decía que vos sólo le decías “Don´t talk with other girls”, ¿sos muy celosa? No, para nada. Estamos seguros de nuestra relación y nuestro amor, así que no hay nada que temer. Igual, obvio que si lo veo histeriqueando con otra ¡lo mato! Pero además, yo creo que lo peor que se le puede hacer a una pareja es querer transformar al otro. Yo lo dejo ser a Mike y él me deja ser a mí. Jamás le dije, ni me dijo, que haga o deje de hacer determinada cosa. Los dos hablamos libremente de todo.
¿Te molesta que se diga que a Mike se lo ve muy enamorado y a vos deslumbrada con su mundo de fama y millones? No sabía que se decía eso. Pero no me molesta. La gente que me conoce, que me ve con él, su familia y la mía, nuestros amigos, ellos saben cómo soy con él y como es él conmigo. Así que esa es la mirada de alguien que lo ve desde afuera y que no tiene ni idea. Cuando hay tanta gente opinando sobre tu vida, tenés que aprender que vas a escuchar de todo. Y que te tiene que resbalar.
Está bien no ser estratégico, pero habiéndote casado con una celebrity, sabés que tenés a Hollywood al alcance de la mano, ¿no fantaseás con llegar ahí? No. Yo no fantaseo. Es algo que va a llegar en su momento si se tiene que dar. Y si no, yo estoy feliz con lo que tengo, que no es poco. Yo también quiero y necesito trabajar en la Argentina porque es mi país, mi lugar y donde me gusta estar. Puntualmente, además, me siento muy cómoda con la manera de trabajar de los argentinos y no siento necesidad de cambiar. No niego que puede llegar, no lo sé, pero no me desespera en absoluto. Y si no llega y yo vivo en Vancouver, donde seguro me instalaré cuando tengamos hijos y haya que quedarse en un lugar, el mejor plan va a ser poder venir a trabajar acá. Soy arraigada a mi país y a mis cosas. Porque acá está mucha de mi felicidad y la esencia de quién soy.
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